martes, 24 de junio de 2014

Mayarí... ni pedacito, ni escondido



Instintivamente, sin percatarme apenas, cada vez que llego, o al menos paso por Mayarí, comienzo a tararear una vieja melodía que popularizó hace unos cuantos años el inolvidable Tito Gómez, y que describe en diminutivo a este hermoso pedazo de Cuba, con expresiones como “vallecito” y “pedacito escondido”.
Por el periodista Aroldo García Fonbellida.
Fotos: Raúl Vázquez Machado.

Esa melodía, por cierto, sirve de fondo a la identificación de la emisora local de radio en Mayarí. No es la única inspiración musical conocida que en la historia ha tomado a Mayarí de tema, a saber, recuerdo un pegajoso son montuno que reverencia a las “mujeres de Mayarí”, y claro, nadie olvidaría en una relación de títulos al antológico “chan chán” en la cual el no menos antológico Compay Segundo narra su ruta musical hasta esta ciudad.

Pero Mayarí no es solo música, por tanto vale recordar, primero, que estamos en presencia de un municipio de Cuba con más de 102 mil habitantes, solo superado en la provincia de Holguín, donde radica, por la ciudad capital. Mayarí ocupa el primer lugar en extensión territorial de su provincia.

En dimensiones territoriales de los asentamientos no capitales de provincia es el tercero nacionalmente, solo superado por Contramaestre y Cárdenas, y su población representa el 10.2% del total de todos los residentes en tierras holguineras actualmente, situándose además en el escalón 26 entre todos los municipios del país en los aspectos de población y fondo habitacional, y tercero en los mismos aspectos, solo por debajo de Palma Soriano y Manzanillo, si se excluyen las capitales del país.


El municipio de Mayarí ocupa el octavo lugar general nacional en extensión física, razones, en suma, para estar bien lejos de aquel “pedacito escondido en el suelo oriental” que pregonaba la vieja melodía.
Preciso aclarar un término usado en el primer párrafo de esta estampa pues, efectivamente, por Mayarí se puede pasar sin llegar, cuando se transita por la carretera desde Holguín hacia Moa. En total deben recorrerse unos 850 kilómetros, siempre en dirección este, si se viaja desde La Habana, incluidos los 80 últimos desde Holguín.


Privilegio muy singular y llevado con virtuosismo y alta responsabilidad por sus pobladores es el de encontrar en Mayarí todos los renglones y esferas básicas de sustentación de la economía y de las riquezas naturales autóctonas de Cuba.

Níquel, caña de azúcar, forestales, pesca, turismo, generación eléctrica, cafetales, abundante producción alimentaria proveniente de la agricultura, y varias aristas más, que conviven en total armonía.

Por si fuera poco, las reservas de agua en Mayarí son de las mayores en Cuba, tanto, que aquí comienza a erguirse la bien llamada “obra ingeniera del siglo”, una exacta denominación que recae justamente en el trasvase hidráulico este oeste, cuyo nacimiento está en la presa del río que da nombre al municipio. Sin exageración alguna se dice que muy pronto Mayarí exportará agua, pues el líquido vital llegará por túneles, canales, y otras vías hasta distantes sitios de esta y otras provincias cubanas donde escasea.

Mención aparte y especial merece el desarrollo cultural mayaricero. En su cuna nacieron baluartes artísticos como el prestigioso pianista Frank Fernández, o la familia Meléndez, de connotados músicos populares y decenas de seguidores que no viven de tales letras doradas, sino que las enaltecen, como es, por solo citar algunos ejemplos, Los Tainos, agrupación de música popular con más de 50 años de brillante trayectoria y más recientemente el joven escritor Emerio Medina, ganador del Premio literario Casa de las Américas.

Es que hasta la naturaleza privilegió a la región mayaricera regalándole las montañas de pinares, los caudales de agua, el Salto del Guayabo, los Farallones de Seboruco, el camino de San Ulpiano, las reservas forestales y de mineral laterítico, el paradisíaco cayo Saetía, el microclima de la Mensura, la playa de Juán Vicente, los mil tonos de verde intenso, y todo esto complementado por la mesurada utilización de tales regalos ancestrales en función del pleno disfrute socialmente útil, para nativos y visitantes.

Las intensas sequías, las amenazantes lluvias, los huracanes y los incendios forestales, las depresiones económicas, los desplomes políticos pusieron en cero y a recomenzar de nuevo más de una vez. Pero en Mayarí, inclinado solo se encuentran los históricos planos utilizados como trascendental obra ingeniera para el acarreo de mineral hasta la primogénita y legendaria planta procesadora de Nicaro. Andar, siempre erguidos y adelante, es su máxima.

A las puertas de la imponente Bahía de Nipe, en la tierra fecunda del general Mambí Arcadio Leyte Vidal, la misma que recibió al inolvidable padre de la industria minera cubana, Héroe del Trabajo, Demetrio Presilla, y a tantos patriotas más, sus hijos continuadores la engrandecen en su andar cotidiano.

Bella a la vista, imprescindible a la economía nacional, acogedora y humilde como su gente, Mayarí es por razones convincentes mucho más que una referencia musical sonera a sus bellas mujeres, o el final de una ruta “chanchanera ” y mucho menos un “pedacito escondido en el suelo oriental”.

Por Mayarí se pasa, pero siempre se llega, porque Mayarí, sin oropeles ni brillos ocasionales, siempre llega al corazón de quien la habita y de quien la visita. Que lo expresen unos y otros.
Esa es mi humilde invitación.



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